Comentando “¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales” de Nicholas Carr

En esta ocasión comentamos un libro que se cuestiona acerca del impacto de Internet en nuestra memoria y en la forma en la que aprendemos. ¿Está condicionando Internet nuestro cerebro?

No sé si es una cosa de los nuevos tiempos, del impacto del Internet, de mi profesión como desarrollador o porque me hago mayor, pero lo que tengo claro es que no soy capaz de concentrarme con la misma intensidad como cuando tenía 16 años.

En aquellos tiempos tenía una memoria entrenada por, ya sabéis, un sistema educativo en el que primaba más recitar que pensar. La mecánica era fácil: encender el foco de la mesa de mi habitación y concentrarme en la única fuente de información para memorizarla y posteriormente reproducirla en un papel al día siguiente. De este modo había desarrollado una buena capacidad memorística.

Pero a día de hoy tengo la sensación de que esto ha cambiado. La forma de afrontar la nueva información es totalmente diferente a la de aquella época, y me siento inundado de estímulos que no hacen otra cosa que distraerme de lo importante y esencial. Quizá es algo que pasa con la edad cuando uno se hace más adulto y experimentado, pero tengo el presentimiento de que Internet tenía algo que ver. Y por ello, en cuanto me topé, gracias a Amazon, con “¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales” de Nicholas Carr, no me lo pensé dos veces. Y la verdad es que no me ha defraudado.

Es complicado resumir todo lo que expone el libro. Te animo a que lo leas, pero si quieres un resumen rápido, te expongo las ideas que creo principales:

  • El medio de comunicación a través del cual nos llega el mensaje tiene un impacto demostrado en el modo el que asimilamos esa información.

  • Sentimos que nuestra mente ha cambiado (menos mal, no estoy loco) y que analizamos y procesamos la información de otro modo.

  • El cerebro es increíblemente flexible: es una amalgama de cientos de miles de millones de neuronas interconectadas entre sí, y que está diseñado para adaptarse a la información que le llega a través de los estímulos. Cuanto más se refuerza un estímulo, más profundamente queda grabado en nuestro cerebro, pero esto no quiere decir que no se borra: los recuerdos grabados pueden reforzarse, debilitarse o crearse nuevos dependiendo de los estímulos que le llegan: personas amputadas han sustituido sus recuerdos de cómo manejar el miembro ausente por otros diferentes.

  • Los inventos a lo largo de la historia de la humanidad han condicionado la estructura de nuestros cerebros: la invención de el mapa, la invención del reloj, herramienta (coordinación mano-flecha) y sobre todo la invención de la escritura y los libros. Antes de estos inventos las personas “pensaban” de otro modo.

  • El impacto de la invención de los libros y sobre todo de la imprenta fue determinante para nuestra forma de pensar hasta hoy: se pasa de una transmisión oral de conocimientos en sociedad a una transmisión a través de la lectura (la imprenta fue el Internet de la época). Leer/estudiar un libro requiere adaptarnos a un pensamiento lineal, aislado del entorno y muy concentrado (la memorización de las lecciones del colegio). Esta capacidad de concentración ha moldeado nuestros cerebros como el gimnasio hace con el cuerpo de un deportista, y ha permitido a la humanidad llegar al grado de avance actual.

  • Al contrario de lo que se presuponía, la invención del hipertexto y multimedia no benefician tanto al aprendizaje. El autor cita estudios donde se demuestra que es mejor una disposición lineal de los contenidos (como en un libro de papel), que proporcionar enlaces a diferentes fuentes, vídeos, audios, etcétera, donde los estudiantes tienen que tomar decisiones. El cerebro se concentra más en la tarea de la toma de decisiones que en la de aprendizaje.

  • El cerebro dispone de dos tipos de memoria: a corto plazo, que dura segundos y es sobre la que trabajamos cuando estamos haciendo algo (como la memoria RAM), y la memoria a largo plazo (el disco duro), donde se guardan los recuerdos. El paso de una memoria a otra requiere trabajar los conceptos con concentración, intensidad y sin distracción. Tomar decisiones nos distrae, lo que no permite fijar bien los conocimientos a la memoria a largo plazo.

  • Internet es una máquina de distracción: correos electrónicos, chats, vídeos, visitar nuevas páginas; botones que pulsar; enlaces en los que decidir si pulsar o no; decisiones constantes que nos distraen. Esto no nos permite concentrarnos de igual modo que cuando leemos un libro en silencio, absortos en la trama o la explicación que el autor nos expone.

  • Actualmente estamos llevando todo el conocimiento al mundo digital de Internet. Al contrario que en la época previa a la imprenta con la transmisión oral, en la cual uno sabía lo que podía recordar, ahora delegamos todo en “espera que se lo pregunte a Google”. Cada vez más conocimiento en la nube y menos en nuestro cerebro.

  • El cerebro, como órgano vivo y tremendamente moldeable se adapta al nuevo entorno: pasa de un cerebro con una alta capacidad de concentración para leer un libro y abstraerse, dejándose llevar por la lectura; a un cerebro preparado para responder de forma rápida y superficial a decenas de estímulos del entorno: nos hace máquinas de tomar decisiones superficiales. Este cambio además se ve reforzado por los mecanismos de interconexión del cerebro, que reciben constantemente incentivos para hacer este cambio.

  • Como consecuencia tenemos un cerebro sobrecargado desde el punto de vista cognitivo, listo para responder a estímulos, dejando poca capacidad para comprender y razonar. Haciéndonos más “tontos”, en definitiva: “cuanto más listos son los ordenadores, más tontos los usuarios”.

Habrás visto que en este resumen de puntos importantes del libro he dado por sentadas muchas afirmaciones. Su defensa las dejo para una lectura sobre el original, en el que expone multitud de estudios referenciados sobre los que se apoyan sus opiniones. No me he molestado en saber si esos estudios son ciertos, pero al menos me suenan bastante factibles.

Personalmente en este libro he encontrado confirmadas en tinta (electrónica en mi versión Kindle) casi todas las sospechas que me habían surgido a lo largo de más de media vida navegando por Internet:

  • Que Internet, aunque me provee de una fuente incesante y rica de conocimiento, también proporciona una distracción constante perjudicial.
  • Que el multimedia para el aprendizaje está sobrevalorado (e-learning). Su utilidad es la de apoyar el conocimiento teórico que se obtenga de una lectura concentrada.
  • Que si quieres encontrar un conocimiento profundo y reflexionado sobre cualquier cosa, lo mejor es que vayas a un libro.
  • Y que las personas que tienen el hábito de leer habitualmente (entre las que no me encuentro), tienen mayor capacidad para encontrar soluciones correctas (o lo que se conoce como inteligencia).

También haría falta realizar una reflexión sobre las bondades del uso de Internet y de la nueva forma de moldear al cerebro. Lo que está claro es que Internet se ha hecho prácticamente tan popular como la lectura en su día, y esto nos está trayendo cambios que están comenzando a condicionar el presente y seguro que lo harán en el futuro. Veremos a ver si son a mejor o a peor… Esperaré a otro libro en el que me confirme mis sospechas :).

En resumen, si encuentras de interés el impacto de Internet en nuestro cerebro y en la forma de pensar, “¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales” de Nicholas Carr, merece una lectura, aunque te cueste semanas si tienes un cerebro totalmente adaptado a Internet como el mío :). Aquí te dejo el enlace para que lo compres:


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