Comentando el libro: Hábitos atómicos de James Clear

0
141

 

El título completo es “hábitos atómicos, resultados extraordinarios”.

Sorprendentemente no es un libro que marea constantemente la misma idea simple de que “muchos pocos hacen un mucho” sino aporta técnicas para conseguir ser constante en los hábitos.

Lo agrupa en cuatro leyes para crear buenos hábitos: hacerlo obvio, hacerlo atractivo, hacerlo sencillo y hacerlo satisfactorio y añade leyes para eliminar los malos hábitos, invirtiendo las primeras leyes: hacerlo invisible, hacerlo poco atractivo, hacerlo difícil y hacerlo insatisfactorio.

Os voy a contar lo que más me ha llamado la atención y, recordad, que cada persona puede encontrar ideas diferentes.

Empieza la historia de un modo curioso, con un batazo de beisbol en la cara del autor que le destrozó la cara (y le dejo un ojo casi colgando) y necesitó mucho esfuerzo para recuperarse. Parece que casi todo el mundo necesita una experiencia traumática para cambiar su vida. En mi caso, os tengo que decir que he cambiado varias veces la visión de la vida sin ninguna experiencia traumática, simplemente por auto-consciencia de que quería cambiar.

Mejorar o empeorar un 1% cada día, a lo largo del año, genera grandes resultados. Por desgracia, lo imperceptible de los pequeños cambios diarios en los buenos hábitos hace que volvamos pronto a los malos. Si intentas adelgazar y ves pocos cambios puedes desistir pronto.

Normalmente los malos hábitos traen recompensas instantáneas y problemas futuros (como fumar) y los buenos hábitos traen sacrificios inmediatos y recompensas al largo plazo (no comerse un pastel). Se pueden reforzar los buenos hábitos si se le añaden recompensas inmediatas: por ejemplo, si cada vez que no sales a comer fuera añades dinero en un bote que ponga “viaje por Europa”, puedes equilibrar la balanza al lado que se deseas.

Las metas por sí mismas no te llevan a conseguir nada porque tanto los ganadores como los perdedores se ponen las mismas metas. Lo que de verdad marca la diferencia es ponerse en marcha.

Si te pones la meta de arreglar tu habitación consigues un éxito momentáneo pero si mantenemos los malos hábitos pronto volverá la habitación al desorden. Lo que es necesario es cambiar los sistemas.

Los resultados tienen que ver con lo que obtienes, los procesos con lo que haces y la identidad con lo que crees. La mayoría de las personas empiezan con querer cambiar los hábitos cuando deberían empezar por cambiar la identidad. Por ejemplo, si bebes muchas cervezas el fin de semana y quieres dejar el alcohol podrías crear un nuevo hábito de alternar refrescos con alcohol, hábito que es fácil dejar. Una solución más definitiva tendría que ser decir que soy un NO bebedor: hábito vs identidad.

Siempre existe un sistema de creencias y suposiciones que modelan el sistema, una identidad detrás de los hábitos. Una conducta que no es congruente con el yo, no es duradera. Puedes querer ganar dinero pero si tu identidad es de un derrochador, nunca tendrás un Euro.

Si tus creencias y tu visión del mundo desempeñan un papel tan importante en la conducta …. ¿Cómo es posible enfatizar los aspectos de tu identidad que te son útiles mientras que gradualmente eliminas los aspectos que impiden tu desarrollo?

La acumulación de hábitos te permite crear una serie de reglas sencillas que guiarán tu comportamiento futuro. Ejercicio: “Cuando vea escaleras las subiré. Cuando llegue a una fiesta me presentaré a un desconocido. Cuando quiera comprar algo que cueste más de 90 Euros lo pensaré 24 horas”.

Puedes rediseñar tu ambiente para conseguir que los buenos hábitos sean más obvios: Si quieres beber más agua deja botellas repartidas por la casa.

Uno de los métodos más prácticos para eliminar un hábito negativo es reducir la exposición a la señal que lo causa: Si quieres evitar distracciones, deja el móvil en otra habitación. Si gastas mucho dinero en cacharros tecnológicos, deja de leer reseñas.

La presión social es mala si estás rodeada de malas influencias. Si todos tus amigos pierden peso es bastante probable que tú también lo hagas. Rodéate de buenas influencias.

Cuando te unes a un club es más fácil mantener tu identidad. Si te apuntas a un club de ciclismo es más fácil identificarte con que eres ciclista.

Es fácil reforzar tu proyecto cambiando cosas sencillas. En vez de pensar en “deber hacer algo” piensa en “tienes la oportunidad de hace algo”. A una persona se le preguntó si le era difícil estar confinado en una silla de ruedas. La persona contestó: No estoy confinado a usar mi silla de ruedas porque, sin ella, estaría condenado a vivir acostado y jamás podría salir de casa.

Hay actos que condicionan. Por ejemplo, cuando estudias durante años con cascos y música puede suceder que, después de muchos años, ponerse los cascos puede desencadenar un alto grado de concentración, incluso sin música. Me recuerda que cuando estudiaba en la biblioteca de la universidad, siempre escuchando las mismas canciones, me ayudaba a deshacerme del ruido exterior y, al tener siempre el mismo ruido (mi música), mi cerebro lo ignoraba.

Estamos tan centrados en encontrar la mejor manera de hacer algo que en realidad nunca nos ponemos manos a la obra. Es mejor arrancar una dieta que intentar encontrar eternamente la mejor dieta.

No es tan importante preguntarse ¿cuánto tiempo se requiere para desarrollar un hábito? Cuando lo que nos deberíamos preguntar es ¿cuántas veces tengo que repetir un hábito para consolidarlo? Esto me ha provocado el primer chasquido en mi cerebro. Voy a plantearme ir a correr aunque sea 10 minutos. Siempre que he empezado a correr la he fastidiado por pasarme al querer evolucionar demasiado deprisa cuando, tal vez, debería haber mantenido la constancia y dejar que el hábito se consolidara.

Cuanto menor sea la energía comprometida para arrancar una acción más fácil será desarrollar un hábito. Si nos comprometemos con hacer una sentadilla, nada más, cada noche, es muy posible que nos pongamos a hacerla de inmediato y que nos sorprendamos a nosotros mismos haciendo unas pocas más.

Se puede encontrar una versión de dos minutos de casi cualquier hábito: Leer antes de dormir se transforma en leer una página antes de dormir.

Un poco de tensión o resistencia puede ser la diferencia entre adquirir un buen hábito o caer en uno malo. Por ejemplo, dejar las cervezas al fondo del frigorífico puede ayudarnos a beber menos.

Los pequeños rituales condicionan el comportamiento. Si llegas a casa y te pones las zapatillas de andar es muy posible que la situación te invite a darte un paseo.

Se pueden crear mecanismos de compromiso para hacer más difíciles tus hábitos futuros. Por ejemplo, comprar comida en paquetes individuales puede evitar que comas demasiado. Si vas a un restaurante y pides al camarero que te guarde la mitad de la ración para llevar, puedes ayudar a reducir tu peso.

Puedes engañarte a ti mismo realizando ciertas prácticas para mantener la constancia: si en un trabajo comercial llenas una taza de canicas nada más llegar por la mañana, y mueves una canica a otra taza por cada llamada realizada, es bastante posible que, con la intención de que no quede ninguna canica en la primera taza, realices el cupo auto impuesto de llamadas.

Otra idea interesante es “nunca romper la cadena”. Si nunca rompes la cadena de entrenamiento, siempre estarás en forma.

Dejar un registro de actividad puede ayudar a consolidar hábitos. Por ejemplo, apuntar lo que se come cada día puede contribuir a comer mejor.

La mente humana quiere ganar sin importar al juego que esté jugando. Si te pones un reloj que mida los pasos y te muestre una felicitación al alcanzar 10.000 pasos es posible que trates de andar un poco más diariamente para llegar a ese número.

La ley de Goodhart establece que cuando una medida se convierte en un objetivo deja de ser una buena medida. Si adelgazando solo te fijas en el número de la báscula puedes desistir pronto. Si te fijas en la ganancia de masa muscular, la perdida de volumen o la mejora física en tareas diarias, es muy posible que refuerces el hábito.

Una de las cosas que más me ha sorprendido y gustado en el libro (página 264) es un comentario de un entrenador de élite de pesas: la diferencia entre los mejores atletas y el resto de las personas es la gestión del aburrimiento: entrenar todos los días y hacer los mismos levantamientos una y otra vez. Nos aburrimos de nuestros hábitos porque dejan de fascinarnos. En el mundo de la empresa pasa lo mismo, muchos directivos pasan de una idea a otra, funcionando estupendamente el negocio como una idea original, buscando novedad.

Ser curioso es mejor que ser inteligente. Mantenerse motivado y curioso cuenta más que ser inteligente porque lo primero conduce a la acción. Ser inteligente no producirá resultados por si mismo si no te pones en acción.

Como podéis entender, esto solamente es una parte del libro por lo que puedo decir categóricamente que es lo mejor que he leído en mucho tiempo por la cantidad de ejemplos sencillos y aplicables. Espero que os animéis a comprarlo y leerlo y, si queréis, comentarlo conmigo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here