Comentando el libro ‘Mi visión de lo posible’, de Luis Miguel Fernández Montañez

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1981

Comentando el libro: Mi visión de lo posible de Luis Miguel Fernández Montañez.

Un amigo me dejó este libro y, como (casi) siempre que hago un esfuerzo, trato de dejar un tangible tratando de comentar lo que he leído y/o me ha sugerido la lectura.

He de decir que me ha costado un poquito leerlo, y casi lo abandono al principio, porque me da la sensación de que (como dice un amigo, y algo de lo que yo también peco) “se puede contar lo mismo con menos palabras” pero avanzando en él veo ideas muy interesantes.

Comenta unas reflexiones sobre la gente de OnStrategy:
“Ellos, enamorados del pasado no imaginan el futuro. Mezclan la estrategia con la operación. La presión del día a día les consume ¿habrá para ellos un buen mañana?”
Con esta frase me vienen a la mente muchos responsables de tecnología que están más preocupados porque los sistemas no fallen que por actualizarse y dar valor en la transformación digital que estamos viviendo. Negocio les ve como un impedimento más que como una influencia positiva en el crecimiento.

Otra reflexión en la misma línea: “Tienen estrellas pero falta equipo. Trabajan muchos pero la mayoría no saben a dónde van. Capacitan a todos y no a los que más lo necesitan. Hay recompensas, faltan resultados. ¿Lograrán transformar su organización?”. Me recuerda el comentario de cafetería de una jefe de proyecto en el descanso de un curso más, en años, de dirección clásica de proyectos. Adicionalmente es fácil encontrar que las direcciones de las empresas se han convertido en gestores de millonarios presupuestos delegados en proveedores donde sus propios jefes de proyecto ni tienen el poder para influir con su conocimiento ni tienen ya el conocimiento para poder contribuir en la ejecución. Lástima disponer de gente tan competente perdidos en Excel y PowerPoints.

Hace referencia a una muy buena reflexión: “y si formamos a la gente y luego se marchan”, con otra: “y si no los formamos y encima se quedan”. Muchas organizaciones se han convertido en cementerios de elefantes donde los que quieren más dinamismo se van a emprender. En contrapartida, las empresas, para ganar dinamismo, contratan a grandes consultoras sin darse cuenta que ellas tienen el mismo problema. Retener el talento en estructuras pesadas, jerárquicas y con la misma gente dando muchos años servicio es harto complicado.

Dice “no se ama lo que no se conoce. Y no se sirve bien lo que no se ama. Equipos descontentos que no aman a su empresa no la servirán con pasión nunca. Harán su trabajo jurídicamente perfecto, pero nada más”. Como empresario he aquí algo sobre lo que pensar. Aunque cada vez estoy más convencido de que hay que hacer partícipe a la gente que trabaja contigo (a los más comprometidos se entiende) de la propiedad y ya llevo tiempo pensando en cómo hacerlo.

Cuenta cómo en una orquesta sinfónica el director dirige: “Aunque el director tiene la visión global, cada músico es responsable de que su instrumento brille con un todo, que es lo que se define como armonía estética”. Es una buena similitud a un equipo brillante. Esto tendría que dar que pensar a las organizaciones donde la gente se pasa más tiempo luchando entre ellos que contribuyendo a obtener el mayor partido del esfuerzo.

Dice cómo “había leído un breve resumen de una encuesta de la consultora Gallup (2014) donde se afirma que el 60% de los trabajadores tienen en talento dormido, no están comprometidos con su empleo y no desarrollan las capacidades para dar lo mejor de sí mismos. Y el 50% no pone el suficiente entusiasmo”. Aquí diría que cada persona tiene unos objetivos personales en la vida y que pocos nos dedicamos a lo que realmente nos gusta o convertimos en un reto lo que nos encargan. La monotonía claramente es un enemigo que nos ataca a todos.

Referencia a Tom Peters “Si tú cuidas a la gente, la gente cuidará del servicio, el servicio cuidará del cliente, el cliente cuidará los beneficios, los beneficios cuidarán de la reinversión, la reinversión cuidará de la reinvención y la reinvención cuidará del futuro”. Vaya frase más buena. Comenta el mensaje subyacente que las personas encargadas de la externalización es muy posible que rompan un poco este ciclo ;-), y más cuando los tratas como eso: externos. No os podéis imaginar cómo muchas personas en grandes organizaciones aprovechan la asimétrica cliente-proveedor no dándose muchas veces cuenta de que los que tienen un sueldo fijo y un puesto fijo están dormidos en las redes sociales, no desarrollan contactos ni conocimientos de mercado, son ellos 😉

Cita a Deborah Hopkins “la cultura se come a la estrategia para desayunar” hablando de la burocracia de las organizaciones que actúa como eficaz anestesia. Comenta también lo poco bien visto que está preguntar en estos tiempo “y por qué?”.

Habla muy acertadamente (citando al Dr. Mario Alonso Puig) sobre la inteligencia especulativa y la práctica. No se conoce para saber sino para hacer. La burocracia habla de lo razonable y no de “mi visión de lo posible”. Me viene también a la mente frases del estilo “lo conseguí porque no sabía que era imposible”. Una de las cosas que prohibo nada más empezar un curso es que alguien diga “en esta empresa eso no se puede hacer”. Normalmente es más fácil pensar eso que “no soy suficientemente inteligente para encontrar el camino” o “no tengo ganas de hacer el intento”.

Muchas gracias al autor @lfernandezmo porque todos los que hemos escrito algo sabemos lo difícil que es y lo poco agradecidos que somos los lectores ;-).


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1 Comentario

  1. Gracias Roberto, sobre todo, por haber llegado hasta el final, por hacer una lectura profunda y por tus comentarios. Si he conseguido inspirarte alguna idea, con eso me siento recompensado. Como dices al final, escribir es apasionante, pero una tarea dura. ¡Y cómo se agradecen los testimonios y comentarios de tus lectores! Buscamos inspirar y que compartan con otras personas lo que sienten durante el viaje haciendo hincapié en aquello que buscas transmitir con el corazón más que con la cabeza. Te agradezco los consejos y tomo nota para mis próximos proyectos, a los que, si me lo permites, te invitaré a participar para mejorar el borrador con una cuidadosa revisión. Gracias, gracias de corazón. ¡Vamos!

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